13 oct. 2011

Para leer

12 de octubre, el “Día de la cacería”


Por Alberto Dorati
Especial para GUALEGUAYCHÚ a DIARIO


Durante muchos años, la historia admitida nos taladró el cerebro hablándonos de los hidalgos caballeros que un 12 de octubre de 1492 llegaron a estas tierras donde hoy vivimos y nos descubrieron.

Tal concepto, repetido una y otra vez, se hizo carne de nuestra carne y hasta nos permitió sentir una suerte de heroísmo heredado al pensar que la mayoría de todos nosotros descendemos de algunas de esas familias que allende los mares tuvieron la gracia de venir a descubrir América.

Cuando fuimos creciendo y sentimos la necesidad de ampliar nuestros conocimientos, ya no con el cuentito de Cristóbal y las tres carabelas, tan bellas y esbeltas, comenzamos a realmente descubrir una historia que nos había sido vedada, ocultada y tergiversada.

Buscando en esos libros cuasi esotéricos para la historia oficial, nos enteramos que en estas tierras había naciones numerosas, con gente que conformaba familias, trabajaba la tierra, tenía ambiciones, eran guerreros, artistas, tenían sus propias creencias, su lenguaje y por sobre todo respetaban la naturaleza como prioridad de vida.

Supimos también que esas naciones poblaban todo este territorio desde lo que hoy conocemos como Alaska hasta la Patagonia. Eran millones los hombres, mujeres y niños que habitaban lo que ellos llamaban Abya Yala y lo que después de 1492 se transformó en América, nombre que también sentó las bases de una dominación europea que llegó para aniquilar todo lo que se cruzara a su paso.

Desde el “descubrimiento” hasta la fecha, se llevó a cabo el más grande genocidio del que la humanidad haya tenido registro. Millones de seres humanos fueron humillados, esclavizados y finalmente diezmados por la espada del conquistador y bajo la anuencia complaciente de la santa iglesia católica.

Esos “valientes caballeros”, que no eran más que horribles delincuentes que poco le importaban a la corona, vinieron a destruir todo lo que aquí se había construido durante milenios. Ni siquiera lo hicieron para quedarse ellos. Su fin sólo fue desocupar estas tierras para que luego se las quedaran unos pocos amigotes del Rey.

Este día, que ahora se lo ha bautizado con el nombre de “día del respeto a la diversidad cultural”, tratando de buscar un término más aceptable; debería llamarse “Día de la cacería”. No fue otra cosa que una horrible cacería lo que esos depredadores españoles vinieron a hacer por estos lares.

Siempre se dio por sentado que aquí no había personas, sólo existían salvajes. “Lo único bello que tienen son los dientes” decían los cronistas, asombrados porque ellos venían padeciendo escorbuto, sífilis, tuberculosis y otras yerbas. Los indios no padecían esas enfermedades, porque su alimentación y sus hábitos eran totalmente sanos. Es claro que, tiempo después, morían como moscas a causa de las infecciones que los españoles les transmitían.

Para los conquistadores aquí no había nada, de acuerdo a su concepción greco-latina-occidental-cristiana. Sin embargo, el nivel de cultura y conocimiento de la mayoría de las naciones del Abya Yala era extraordinario. Con sólo observar las expresiones artísticas y los conocimientos astronómicos podemos comprobar que el desarrollo de estas comunidades era muy avanzado. Sólo tuvieron un problema, no conocer la pólvora y por ende las armas de fuego, lo que los ubicó en inferioridad de condiciones frente al invasor.

Revisando la historia, hoy sabemos que se aniquilaron unos setenta millones de indios en nombre de la cruz y de la espada. Y tras ello, el saqueo de las incalculables riquezas en oro y plata que hoy todavía lucen ostentosamente en muchos altares de encumbradas iglesias europeas y el propio vaticano. El robo fue de tal magnitud que muchos barcos no llegaban a destino y se hundían en alta mar por el exceso de peso en oro en sus bodegas.

Es mucho más lo que podríamos contar sobre este horrible episodio de la historia. Es bueno que los estimados lectores sigan curioseando en los libros revisionistas para que realmente conozcan que lo que aquí se produjo fue, en realidad, un encubrimiento. Se trató de tapar el episodio más vergonzante de la humanidad, para dar rienda suelta a las ambiciones desaforadas.

Por todo esto, el 12 de octubre no hay nada que festejar. Es una jornada de duelo y vergüenza. El 11 de Octubre de 1492 fue el último día de libertad y paz en Abya Yala. Fue el último día que sus habitantes pudieron adorar a sus dioses, que se respetó a la naturaleza. Después, el avasallamiento de un abanico de culturas que hoy podrían estar entre nosotros compartiendo su maravillosa sabiduría.

En cambio, los que se creyeron superiores, aplastaron a los que consideraron inferiores. Hoy vemos los resultados. Un mundo que se autodestruye con su propia filosofía plagada de ambiciones, corrupción y egoísmos.

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